Nada más terminar un entrenamiento o una competición, nuestro cuerpo pone en marcha sus mecanismos de reparación y reposición de los sustratos consumidos durante el ejercicio. Para entendernos, necesita llenar los almacenes de glucógeno para tener energía y conseguir proteínas para reparar los daños en los músculos y, si ese es el objetivo del entrenamiento, hacerlos crecer (hipertrofia).
Estudios recientes apuntan que esa ventana anabólica no dura las dos horas que se creía, sino que se alarga hasta las 24 horas posteriores. Iva Marques, dietista-nutricionista y patrona de la Academia Española de Nutrición y Dietética , añade que “hay que tener presentes dos conceptos: el aprovechamiento será más intenso en las 6 horas primeras y el tiempo de recuperación será siempre directamente proporcional a la intensidad del ejercicio”.